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Primer semestre 2016

6º. Es recomendable repensar los colectivos que quedan encua-

drados dentro de la calificación de trabajadores vulnerables.

7º. Es ineludible atender los efectos sobre la prevención de ries-

gos de la descentralización productiva y las pymes. Resulta

necesario, también, analizar el hecho de que los trabajado-

res autónomos no suelen alimentar las estadísticas de sinies-

tralidad.

8º. Resulta oportuno prestar especial atención a los efectos de

la “resurrección” del sector de la construcción y sus efectos

sobre los riesgos laborales. La implantación generalizada de

un Libro Electrónico de Subcontratación facilitaría el control

en este ámbito.

9º. La figura del técnico de prevención debe revitalizarse. Los

prevencionistas son la pieza clave del engranaje de la LPRL.

10º. Resulta forzoso fortalecer el compromiso de todas las ins-

tituciones públicas con el cumplimiento efectivo de la norma-

tiva en materia de prevención de riesgos laborales.

Veinte años han pasado y mucho es el camino que queda to-

davía por recorrer. Es necesario seguir construyendo una “cul-

tura real de la prevención” más proactiva y comprometida. Se

hace, por ello, necesario huir de una visión pragmática y pura-

mente formal de la tutela de los riesgos laborales, para avan-

zar en la consecución de una sociedad consciente de que solo

podrá calificarse de decente si consigue una rebaja permanen-

te del número de accidentes y enfermedades profesionales. El

compromiso es de todos y debe consolidarse día a día.

1995 y aproximadamente 1.000.000 en el año 2000, a 417.377

en el año 2014, y de 1.338 accidentes laborales mortales en el

año 1995 a 454 en el año 2014.

No obstante, a pesar de estas cifras, la realidad muestra un

lado menos positivo. No podemos cerrar los ojos a esta reali-

dad social, y ello nos obliga consecuentemente a relativizar esas

lecturas positivas y, por ello, a mantener por parte de todos los

sujetos comprometidos con la prevención de riesgos laborales

una actitud vigilante y activa que, lejos de bajar la guardia, aspi-

re a mantener el paradigma de tolerancia cero frente a lo que

sigue siendo, lamentablemente, una lacra social para, en primer

lugar, los trabajadores, que sufren directamente los accidentes,

pero también para las empresas cumplidoras, que tienen que

asumir y sufragar colectivamente unos sobrecostes derivados

de las malas prácticas de las incumplidoras.

Decálogo

Se hace, por ello, necesario adoptar medidas en relación con una

serie de cuestiones en las que existe notable consenso en su con-

sideración como problemas todavía no resueltos en materia de

prevención de riesgos laborales. El siguiente decálogo trata de re-

sumir los retos pendientes más significados en esta materia:

1º. Eliminar la cultura “cosmética” de la prevención. La burocra-

tización del sistema preventivo va en detrimento de una efi-

ciente implantación del mismo y la constancia documental no

garantiza su eficacia.

2º. Resulta necesaria la racionalización del sector de la preven-

ción.

3º. Se hace preciso abordar los riesgos emergentes. La aparición

de nuevos materiales, como es el caso de las nanopartículas,

supone un reto a la hora de realizar las evaluaciones de ries-

gos y aplicar medidas de prevención y control, dadas las lagu-

nas de conocimiento aún existentes.

4º. Es necesario analizar tanto desde el campo de los riesgos

emergentes, como desde la vigilancia de la salud, la problemá-

tica laboral-sanitaria derivada del consumo de drogas y el tra-

tamiento que está recibiendo actualmente en dichos ámbitos.

5º. Es preciso seguir desarrollando la cultura de la formación en

materia preventiva.

La PRL ha pasado de disciplina

desconocida y reservada a especialistas,

a consolidarse como un aspecto

fundamental de las relaciones laborales

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EY DE PRL